Marcos Gómez, gerente general de la AII: “La industria y el proveedor local deben fortalecerse para enfrentar los desafíos y oportunidades de inversión durante la próxima década”

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Una nutrida agenda gremial plantea la AII para el año 2024, con el objetivo de reforzar el proceso de recuperación del ecosistema productivo local y de concretar las inversiones anunciadas para los próximos años.

El 2023 fue un año muy importante para la Asociación de Industriales de Iquique y el Tamarugal (AII). Bien lo sabe el gerente general de la entidad gremial, Marcos Gómez, quien encabeza al gremio desde hace más de 10 años. En este período, ha visto cómo la AII ha crecido no solamente en la cantidad de empresas asociadas, sino también la cantidad de programas ejecutados y eventos organizados.

“Seguramente, el año que acabamos de cerrar marca el fin de la transición post pandemia y ya podemos hablar de un año de crecimiento consolidado en la actividad gremial, lo cual queda principalmente reflejado tanto en la cantidad como en la calidad de los programas y eventos ejecutados”, destaca el gerente general de la AII.

Asimismo, destaca que durante la última década la AII no sólo se ha consolidado como el gremio más relevante y representativo de la actividad económica y empresarial de la región, sino que ha jugado, además, un rol clave en el proceso de recuperación post pandemia. “Han sido dos o tres años durísimos para las empresas, para el emprendimiento en general, en los cuales no sólo vimos caer drásticamente la actividad productiva, los ingresos de las personas y el consumo, en una contracción prácticamente inédita para esta generación, sino que también debimos afrontar una serie de cambios regulatorios en diversas materias, desde el nuevo Royalty a la minería del cobre, hasta modificaciones en materia laboral y tributaria. Por lo mismo, no ha sido fácil sobrevivir a esta transición para muchas empresas regionales, especialmente las pequeñas y medianas”, sostiene el gerente de la AII.

¿Qué elementos permiten asegurar que hemos superado la transición y las restricciones propias de la pandemia?

-No sólo ha sido el fin de la pandemia desde lo formal, desde el punto de vista sanitario y epidemiológico. El año 2023 también marcó el final de un período muy difícil para las empresas, para el país en general, en el cual enfrentamos -y aún lo hacemos- las consecuencias económicas del estallido social y los efectos más duros de las restricciones propias de la pandemia sanitaria. Desde ese punto de vista, llevábamos cuatros años inmersos en una atmósfera enrarecida, desde lo político, lo económico y lo social, que hicieron muy difícil que se diera un ambiente propicio para las inversiones, para mantener el eje en el crecimiento y el desarrollo.

Un período muy difícil también para la región de Tarapacá, con algunos componentes especiales que se sumaron al ambiente general del país y del mundo.

-Así es. A los efectos propios del estallido social que vivimos y que fueron comunes a todas las regiones del país, sumadas las restricciones que impuso la pandemia y sus efectos devastadores en la economía local, en nuestra región debemos sumar algunos procesos propios y no por ello menos graves y complejos de solucionar. Partiendo, obviamente, por el fenómeno de la migración irregular que ha afectado con especial violencia al norte del país a partir de 2021, especialmente a Tarapacá, teniendo como epicentro a la comuna de Colchane. Creo que las consecuencias sociales y económicas de este flagelo, lamentablemente, podrían marcar muy negativamente a nuestra región y sus habitantes durante muchos años, si es que no se toman las medidas pertinentes.

¿Efectos de qué tipo, en qué ámbitos?

-En muchísimos. Hay consecuencias claras y evidentes en materia de seguridad o, dicho de otra forma, un evidente deterioro en la calidad de vida los habitantes de la región a partir del incremento de la migración irregular. Por ejemplo, un aumento sostenido en las tasas de delitos, especialmente en crímenes violentos y de mayor cuantía, con la consecuente sensación de inseguridad que ello genera en la población. Efectos claros sobre la tasa de desempleo, deterioro en la mano de obra regional y aumento de la informalidad laboral, con todas sus consecuencias y efectos colaterales. Entonces, estamos hablando de un período de tres años especialmente difíciles para el país y, sobre todo, para el empresariado. No es fácil emprender, invertir ni proyectar inversiones en un país donde nada es seguro y dónde el proceso de cambio, precisamente, pasa por ponerlo todo en duda y no generar ni la más mínima certeza jurídica o normativa.

En el plano regional, ¿por dónde ha pasado el punto de consenso y el inicio de la recuperación que se vivió durante 2023?

-Creo que ha pasado por varios factores que han avanzado en conjunto. Por un lado, las empresas pudieron adaptarse rápidamente a los cambios generados por la pandemia, como el teletrabajo o trabajo híbrido, que cada vez toma más fuerza y abre muchas oportunidades laborales, especialmente a las mujeres que desempeñan la doble función de proveer y ser jefas de hogar. Asimismo, vemos a un sector industrial y productivo que se adapta eficientemente a cambios importantes en materia laboral, como el régimen de las 40 horas semanales y a una serie de modificaciones que plantean diversos desafíos.

¿Ese es un desafío importante para la AII, en el sentido de liderar el proceso de cambio y modernización permanente que vive la industria regional?

-Absolutamente. Nuestra Asociación debe liderar ese proceso de cambio, abrir las puertas a la modernización de las empresas y de los sectores productivos de la región y, en suma, fortalecer a los diversos actores del mundo privado, a fin de seguir siendo los protagonistas del crecimiento y desarrollo integral de Tarapacá y de su gente, como lo hemos sido durante las últimas décadas.

Desafíos y oportunidades hacia el 2030

La AII celebró sus 33 años en noviembre pasado. ¿Cuáles son los desafíos principales en materia gremial al iniciarse su cuarta década de existencia?

-Los gremios en general tenemos un desafío tremendo en los próximos años. Esto, entre otros factores, debido al tipo de debate generado a partir del estallido social, a partir de lo cual se quiso poner en duda la relevancia del sector productivo y de los privados en el desarrollo del país. Este es un tema central para el futuro del país, el cual, además, no está totalmente zanjado. Por lo mismo, también vemos que se este debate abre una tremenda oportunidad y desafíos relevantes para las empresas durante los próximos años.

¿En qué sentido se abren esas oportunidades?

-Durante los últimos dos años, la ciudadanía se ha manifestado contundentemente respecto de los cambios propuestos, en todo ámbito, por lo que creemos que a medida que se vayan asentando ciertos temas y debates, inmediatamente surgen desafíos que enfrentar, roles que el empresariado debe retomar y validar ante una ciudadanía que está expectante, que nos exige retomar la senda del crecimiento y del progreso por el que hemos transitado, precisamente, en estas tres décadas de existencia de la AII. Pero para que eso sea así, debemos asumir el desafío de la modernización empresarial, en el más amplo espectro.

¿Y qué implica en concreto este desafío para la empresa regional?

-Recientemente, la Corporación de Bienes de Capital (CBC) ha señalado que la región de Tarapacá será la tercera a nivel nacional en materia de inversiones y cartera de proyectos aprobados para el período 2023 – 2027, con un volumen total cercano a los US$8 mil millones. Esto plantea un enorme desafío para la región, partiendo por nuestra capacidad de concretar esas inversiones en los plazos señalados. La única forma eficiente de lograr esa meta es contando con empresas preparadas estructural y financieramente, con una red de proveedores locales competitiva y preparada, con una mano de obra calificada y adecuada a los nuevos requerimientos laborales y, en definitiva, con un ecosistema productivo regional que, además, debe hacerse cargo de los más elevados estándares medioambientales, como lo exige claramente la ciudadanía.

¿Y cuál es el desafío para la AII en este proceso?

-La industria y la red de proveedores locales deben fortalecerse para enfrentar los desafíos y oportunidades de inversión de la próxima década. En línea con ese objetivo, desde la AII pretendemos reforzar nuestros programas y proyectos en orden a apoyar con todo ese proceso de modernización que vive el empresariado local. Ese es, creemos, nuestro principal desafío como gremio regional, ampliando la capacidad de las empresas locales e impulsando el desarrollo multisectorial.